Alguien habló (Enron)

Alguien habló (Enron)

03/11/2016

En 1985, la fusión de dos empresas de energéticos, Houston Natural Gas e InterNorth, dio pie a la formación de la infame Enron. Durante los siguientes cinco años, la compañía se dedicó a invertir agresivamente en ductos de gas, electricidad y otras industrias, lo que la hizo crecer bastante. En 1990 el jefe de operaciones Jeffrey Skilling toma la decisión de contratar a Andrew Fastow, quien para 1993 ya había creado un gran número de empresas fantasmas con las que Enron podía manejar por debajo del agua negocios fallidos y enmascarar sus finanzas. Las cuentas de Enron eran tan extraordinarias que los precios de sus acciones no sólo se mantenían altos, sino que subían constantemente. Desde 1996 hasta 2001 la revista Fortune le otorgó el título de la empresa más innovadora de América a Enron.

 

Pero Enron no estaba sola, una empresa de esa magnitud tendría forzosamente que ayudarse de las que en esa época eran las “Big Five”. Arthur Andersen LLP era la compañía auditora de Enron. Fastow, artífice de todo el fraude, presionó a Andersen de esconder los números que harían que las acciones de Enron se desplomaran.

 

Todo esto transcurría sin novedad, hasta que como dicen coloquialmente, “alguien habló”. Realmente fueron Enron, con su sospechoso crecimiento, y Arthur Andersen LLP, con su manejo fiscal agresivo, lo que acercó mucha atención y salieron a la luz todos los trapos sucios.

 

El principal culpable era Andrew Fastow quien, con ayuda de Arthur Andersen, había encubierto hábilmente los manejos fraudulentos a la directiva y el comité de auditoría. Desgraciadamente para los accionistas, el valor se desplomó de $100 a menos de $1 lo que dejo a la compañía quebrada. La compañía se declaró en bancarrota, dejando $63.4 miles de millones de dólares en activos.

 

Andrew Fastow fue enjuiciado y encarcelado junto con varios altos ejecutivos. Arthur Andersen también fue enjuiciado por destrucción ilegal de documentos, lo que le costó la licencia de auditoria y marcó el fin de Arthur Andersen LLP, una de las “Big Five”. La bancarrota de Enron fue un hito en la historia financiera de Estados Unidos y un ejemplo de un manejo fraudulento de finanzas por parte de una empresa pública. Esto dio pie al Sarbanes-Oxley Act, el cual reforzó los requerimientos en materia financiera de las compañías públicas. También generó pérdidas millonarias para los accionistas de Enron y para sus empleados.

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